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oriol masponsEn 1956 entró a formar parte del consejo editorial de la revista AFAL aunque ya era conocido por su actividad en la Agrupación Fotográfica de Cataluña y por haber publicado fotos en Arte Fotográfico y con motivo de la obtención de varios premios en concursos. En el número 61 de la revista AFAL de 1957, definió el término salonismo para denunciar un tipo de fotografía pictorialista que sólo trataba de conseguir galardones dentro de una estructura de jurados de concursos muy ortodoxos. Su fotografía de reportaje estaba asociada al estilo del desarrollado por los fotógrafos de la Agencia Magnum.


En los años sesenta se asoció a Julio Ubiña y abrieron un estudio al tiempo que realizaban reportajes por diferentes países como Cuba y Sudáfrica. También cultivó otros géneros como el retrato dedicando especial atención a las modelos femeninas, así como de personas conocidas en los ambientes culturales en esos años. Cuando en 1963 José María Casademont creó la revista Imagen y Sonido con una línea editorial muy próxima al documentalismo fotográfico, aunque también próxima al trabajo de las asociaciones fotográficas, recogió sus trabajos en el marco de la denominada Nova Vanguardia, nombre que puso al grupo formado por Xavier Miserachs, Ramón Masats y otros fotógrafos de Cataluña. También formó parte del movimiento denominado Gauche divine.
Su obra se publicó en otras revistas especializadas en fotografía como Nueva Lente, Annual Photography o Photography Year Book, así como en prensa y revistas generales como Gaceta Ilustrada, etc. Realizó numerosas exposiciones y algunas de sus fotos están expuestas en el MoMA, aunque en el MNAC existen más de 1500 fotografías suyas. Además fue maestro de Isabel Steva Hernández, más conocida como Colita y de otros significados fotógrafos.

Entre las portadas de diversas colecciones de libros y obras literarias que han ilustrado sus fotografías se encuentran:
Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca (1966)
La caza de la perdiz roja de Miguel Delibes
Arquitectura gòtica catalana de Alexandre Cirici i Pellicer (1974)
Arte visigodo en España, de Pere de Palol.
La Universidad de Barcelona, promovida por Fabià Estapé (1981)
Els barcelonins, con Xavier Miserachs y Colita (1981)
En 2006 recibió la Creu de Sant Jordi.6

Escrito que publico en 1957 en la revista Afal y que motivo su expulsión de la Agrupaciò Fotográfica de Catalunya en 1958.

SALONISMO por Oriol Maspons.
“Cada vez que encuentro un pintor trabajando en su tela, frente a un maravilloso paisaje, sé de antemano que es un pintor malo”. Sternberg.

No hay que elevarse mucho, sólo con ponerse de puntillas basta para ver que en el ambiente fotográfico hay una serie de síntomas que denuncian un estado anormal.
Un estado anormal, en lo que al cultivo del espíritu se refiere, es que toda una colectividad se haya fijado un mismo objetivo, un mismo fin, al que se sacrifican las individualidades para marchar correctamente formados y marcando el paso hacia el premio en el concurso.
Al premio se sacrifica todo. La ética incluso, y porque el negocio no se presta para más.
En principio deseo fijar mi posición; no me declaro enemigo de los Concursos y Salones de fotografía. Sería ridículo negar la gran importancia que han adquirido en España, y no puedo oponerme, pero sí juzgar, el gusto de los demás. Sirva, pues, este escrito de simple comentario.
Las ventajas a que los Concursos conducen son claras; estimulan al principiante, el cotejo de sus obras con las de los iniciados le obligan a la autocrítica y automaticamente al plagio, y muy pronto, por poco que se esfuerce, le llueven a cada fallo copas y medallas.
La “fotografía artística” es fácil. Una fotografía afortunada, siendo un buen estratega, da muchos premios a ganar, presentándola a todos los Concursos de amplias bases y pocas aspiraciones, y he aquí en dónde la ética se sacrifica.
El “salonista” llega a un estado en que se siente “gloria local”, admirado por sus familiares y compañeros de oficina, que constituyen el público en las salas de exposición, ya que la fotografía de salón a nadie mas interesa. Así resumido, mientras no se demuestre lo contrario, el ciclo evolutivo de lo que en los prospectos de las cámaras fotográficas se viene llamando el “aficionado advertido”.
Ese afán de coleccionar premios provoca entre los “salonistas” los naturales conflictos; que si los Jurados deberían ir al colegio, que si las trampas están a la orden del día, que sí el tal no se positiva sus 30×40, que si debería crearse un carnet de superfotógrafo aficionado…(otro papel sellado en la cartera, vaya asco). Estas cuestiones político-sociales han venido a sustituir a los tostonazos químico-experimentales que afligían nuestras tertulias. Se acabó el hablar del Matagranol o del Pepefinol momificado, ahora hay que aprovechar lo que la fotografía tiene de burocrático.
Y todos estos problemas que apasionan al “salonista” hay que reconocer que poco tienen de contacto con las inquietudes que preocupan a la persona que ensaya de valorar el procedimiento fotográfico con la aportación de su espiritu y sus ideas.
Yo sé bien que los concursos de “fotografía artística” significan mucho para muchas personas.
Constituyen una válvula de escape. Casi un signo de nuestra época de concursos. Como afición, son como el espectáculo del fútbol, la cría del canario, el juego de ajedrez o la reproducción de cuadros por medio de una máquina de escribir y tintas de colores. Actividades todas muy respetables como distracción. Otra cosa es la opinión que me merezcan estas aficiones en función de la pretensión del aficionado que las ejerce.
No se puede considerar que la fotografía “tipo”, de salón, es artística por el solo hecho de que el autor tenga este íntimo deseo y ponga todoso sus conocimientos a ese fin. Aun dando a esta fotografía todas las ventajas de haber cosechado para su autor un premio mensual, esta “bella prueba de salón” se obtiene de la conjunción de varios trucos conocidos y repetidos por todos, la “diagonal”, la “línea de fuga”, con su “punto fuerte”, el “triángulo”, la “espiral”, la “ese”, no sólo es siempre vacía en lo que a mensaje emocional se refiere, sino que aun desde el punto de vistadecorativo, por su repetición y adocenamiento (no hay que olvidar que el plagio es el padre de todos
los tópicos), esta imagen es, estéticamente hablando, una grosería. Y la estética, siendo aún algo, se ha dicho que es siempre peligrosa.
La fotografía de salón suena a pianola. Sí algunas veces pueden atraer sus cualidades técnicas, superficiales, es siempre a causa de la falta de importancia del sujeto fotografiado, que es en realidad quien debería dominar.
“la fotografía artística va a lo ridículo por el camino de lo pretencioso”. Esta frase también. Ejemplo claro de que los trucos, sean gráficos o gramaticales, no tienen mucho alcance. Las posiciones de pies, manos y cuerpo que pueda adoptar un empleado de oficina, valga la imagen, no le permitirán nunca hacerse confundir con un bailarín que haya visto en esta pose. Y si el probo empleado adopta además una expresión de seriedad, que nos hace pensar que toma en serio su astracanada, lo ridículo de la imagen aumenta. Lo mismo ocurre con la “fotografía de arte” y su grotesca aspiración a ser
tomada en serio.
Estos “artistas de la luz”, estas “prestigiosas personalidades” que invaden los Jurados, siempre a petición de alguien que quiere irresponsabilizarse, valoran las obras, encasillándolas en una serie de cualidades y composiciones prefijadas. Son formas “a adoptar”, que por ellas mismas no pueden emitir ni reflejar ninguna emoción. Como el probo empleado, buscan un parecido a lo ideal, al Arte.
Y ahí queda eso, en parecido.
Yo he oído decir:”Esta fotografía está muy bien. Sugiere, es viva, tiene su momento, pero no es “artística”…
A este punto se ha llegado. La palabra arte, a fuerza de ser empleada gratuitamente, ha perdido su significado en fotografía. Es mejor olvidarla por un tiempo, ya que se ha malvendido su significación.
Hay sujetos que se clasifican como artísticos al igual que si se tratasen de monumentos nacionales.
Todo el mundo sabe que una mano que tiene una rosa, un bodegón, un tierno paisaje o un retrato de estudio horriblemente falto de realidad, son temas “artísticos”, y que a condición de estar bien positivados hay que aprobar automatícamente si no se quiere ser acusado de “snob” o ignorante.
Pero hoy día estas fotografías están a veces exluidas del gusto de algunaso Jurados que quiseran ver otras cosas en las exposiciones.
Y a veces, también, vemos las fotografías que vienen a sustituirlas.
Son las fotografías “modernas” de salón, como no, que siguen estando a la altura de las
circunstancias, nutriéndose igualmente de los principos propios de la pintura, pero aprovechándose esta vez de la pintura que viene haciéndose los treinta últimos años. La revolución renueva, pues, la forma no el fondo del problema. El caso es el mismo, la fotografía de salón siguien siendo pictórica.
Sigue cazando en coto ajeno. En 1957, tan poco fotográfico es un bromóleo, que estuvo muy justificado en su época, como una fotografía que pretenda ser cubierta, a lo 1930, o una foto trucada en color de Irving Penn, que imita a una pintura impresionista.
Repito, no soy enemigo de los concursos como complemento de una afición. Como fin, sí, porque comprometen irremisiblemente la libertad de quien se deja llevar por ellos. Creo una obligación de cada socio de colaborar en los mas significativos de su Club y a alguno de importante si es que su producción fotográfica se lo permite sin verse obligado en caer en reiteraciones. También comprendo, a pesar de ser una imprudencia, el deseo de probar suerte en algún concurso que por la importancia de sus premios en metálico o similares justifiquen el peligro que supone someterse a la influencia de las normas y preceptos que se desprenden forzosamente del fallo emitido por el consabido Jurado de “eminentes personalidades”. Fallos que a la larga , y unidos a otros factores,
hacen que el nivel de la fotografía española de salón (hoy no hablemos de otra) esté a la mismaaltura que el de los paises que fotográficamente cuentan menos en Europa.
Nunca es tarde para estar al día. Para sacrificar el gusto del éxito fácil. Prescindir del espectador si es necesario. La historia de la fotografía debe revelar el espíritu del tiempo y de su operador. Si así servimos a nuestra época, es el tiempo mismo y sin prisas, que hará de la fotografía un verdadero arte y de su operador, quizá, un artista.