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jose_diaz_casariego._encarnita_alcaraz_bailarina_espanola_en_los_anos_veinte_madrid_1925.

Todo dio comienzo con esta foto,  ¿quien es esa modelo? Encarnita Alcaraz, bailarina, posando en 1925 en un campo de aviación cercano a Madrid, ¿y el fotógrafo como se llamaba?,  José María Díaz Casariego (1905 – 1970), detrás de este nombre hay una verdadera historia…….Son los otros héroes de la Guerra Civil. Ellos también dispararon durante la contienda, pero los suyos fueron disparos silenciosos. No empuñaban armas, sino cámaras. Eran colegas y amigos, aunque la maldita guerra les separó en bandos enemigos.

4 biografía diaz casariego

Pertenecen a una generación de fotógrafos de raza, de instinto… Sabían que había que correr y disparar, aunque la foto saliese borrosa. Llevaban a cuestas muchos kilos de cámaras imposibles. Y hasta una escalera, a la que se subían todos para buscar el mejor ángulo. Fueron pioneros de la fotografía de prensa en España. Pero la historia, tan injusta ella, quiso que los laureles se los llevaran Robert Capa (y ese miliciano cayendo en Cerro Muriano que sigue dando tanto que hablar), su compañera Gerda Taro; David Seymour… Es como si sólo los grandes nombres de la fotografía internacional estuvieron en el frente.

Nada más lejos de la realidad, como queda patente en el documental «Héroes sin armas. Fotógrafos españoles en la Guerra Civil», dirigido por Ana Pérez de la Fuente y Marta Arribas. Producción de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, con la colaboración de La Fábrica.  Alfonso, Marín, Pepe Campúa y Díaz Casariego coincidieron en la revista «Mundo Gráfico» y, más tarde, en la Guerra Civil: tres en el frente republicano; el cuarto, en el franquista (Campúa). Antes de la guerra conocieron el éxito. Sus rastros se diluyen tras la contienda.

Gran parte de los archivos de estos estupendos fotógrafos ha dormido setenta años en el más injusto de los olvidos: miles de negativos encerrados en cajas y baúles en sótanos u ocultos tras las paredes. Esas imágenes mostraban una realidad que había que maquillar a toda costa. Resultaban bastante incómodas. «La guerra les pasó por encima, pero constituyen un testimonio histórico imprescindible que había que poner en valor», comenta Marta Arribas. Dice que en algunos casos la búsqueda resultó detectivesca: «A Díaz Casariego es como si se lo hubiera tragado la tierra». Los archivos de estos cuatro fotógrafos corrieron distinta suerte. Marín escondió más de 18.000 negativos tras una pared de la cocina de su casa. Su hija Lucía, que acudió ayer a la presentación del documental junto a su hijo Marcos, los dejó en depósito en la Fundación Pablo Iglesias. Alfonsito salvó el suyo declarando que se había quemado durante la guerra. No era cierto. Lo había escondido. El archivo de Díaz Casariego fue guardado y supuestamente requisado en los años 40. Pasó en la transición a la agencia Efe. Y unas 800 placas inéditas han aparecido en la Hemeroteca Municipal de Madrid, donde el fotógrafo trabajó al final de su carrera microfilmando instantáneas, quién sabe si entre ellas algunas suyas. En España también tuvimos nuestros Capa fotografiando la Guerra Civil. No se llaman Robert. Ni falta que les hace.

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