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drtikol_frantisekFotógrafo checo Frantisek Drtikol es sin duda uno de los fotógrafos más importantes de la primera mitad del siglo 20. Nacido en 1883 en el pueblo minero de Pribram, al oeste de Praga, Drtikol iría a estudiar fotografía en Múnich, donde iba a ser fuertemente influenciado por el Art Nouveau. Al principio él dividió su tiempo entre dibujo y la fotografía, pero se centró principalmente en este último a su regreso a casa, tanto como una forma de arte y como un medio para ganarse la vida. En el año 1910 abrió su estudio fotográfico famoso en Praga, donde disparó retratos de algunas de las figuras más importantes de su época: el primer presidente de Checoslovaquia TG Masaryk, su canciller Edvard Benes, el compositor Leos Janacek y muchos otros cuyos nombres son . ahora leyenda

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En 1935, Frantisek Drtikol abruptamente renunció a su carrera fotográfica para volver a la pintura: nunca más volvería a capturar la atención del mundo como lo había hecho desde 1920. Frantisek Drtikol vendió su estudio en 1935 y poco a poco deriva en la oscuridad.

Drtikol alquiló una casa en el barrio de Sporilov para dedicarse a la meditación, al estudio de las ciencias espirituales y a la traducción de textos relacionados con el budismo. En su biografía escribió sobre esa época: “Volví a mi viejo amor, a la pintura… me dediqué a la filosofía occidental y oriental, a la cristiana, griega, india, tibetana y china”.

La casa de Sporilov empezó a servir como punto de encuentro de personas que buscaban compartir sus experiencias espirituales y Drtikol pronto se convirtió en su Maestro.

Desde joven, Drtikol se sentía atraído por la filosofía. Fue miembro de la Asociación Teosófica que a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX tenía sedes en varios países del mundo. Más tarde fundó la Asociación Antroposófica.

A lo largo de su vida se dejó influir por varias doctrinas, como la védica, la hinduista, la budista, la taoísta, la tántrica y la antroposófica. Sin embargo, su preferido fue el budismo Mahayana, o sea, el advaita, que le sirvió de base para el ejercicio espiritual.

Parece difícil de creer, dado el inmenso poder de su trabajo fotográfico, pero murió prácticamente olvidado en 1961. Un redescubrimiento y la apreciación renovada de su obra seguirían sólo después, en gran parte gracias a la labor de los historiadores del arte como Anna Fárová.

“Y fui Todo y viví Todo, precisamente porque fui un Nada absoluto”.

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