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En estos días se habla mucho de Robert Capa, pero todas las historias tienen un principio, esta tiene un nombre sin el cual quizas la historia se habría escrito de otra manera. Gerta Pohorylle.

Todos asociamos a Capa con un rostro; pero no es tan conocido el hecho de que ese rostro corresponde, en realidad, al de un fotógrafo judío húngaro, André Friedman, que, durante los años de hambre en París en los que intentaba salir adelante con su cámara, entabló amistad con una chica que cambió por completo su vida. Se llamaba Gerta Pohorylle, y había nacido en Stuttgart en 1910 de padres judíos de la región de Galitzia. Su llegada a París había sido accidentada, perseguida por la Policía de Hitler a causa de su actividades pro comunistas. Conoció a André por casualidad cuando fue a acompañar a una amiga que trabajaba como modelo para el fotógrafo. Pronto se hicieron inseparables y ella aprendió todo lo que él sabía de fotografía. Sus inicios como pareja artística no fueron demasiado buenos y apenas lograban sobrevivir con lo que sacaban con su trabajo. Pero ella, harta de andar sin dinero, tuvo una idea:

¿Qué tal si lugar de presentarse en las agencias y en los periódicos como dos inmigrantes judíos se hacían pasar por la secretaria y el ayudante de cuarto oscuro del célebre fotógrafo estadounidense Robert Capa? Se ha especulado mucho sobre la elección del nombre, pero lo que nos interesa aquí resaltar es que se trataba de un personaje inventado que supuestamente venía de Estados Unidos con una fama de gran personaje y artista que ellos mismos se encargaron de difundir. En aquellas fechas, ella también cambió su nombre por uno más sencillo, Gerda Taro.

A partir de entonces les llovieron las ofertas de las mejores revistas ilustradas. Las fotografías las realizaban indistintamente uno u otro, pero siempre firmaban como Capa. Y así fue al menos hasta bien entrado el año 1937, en que Gerda Taro comenzó a desligarse de André, quien mantuvo el nombre artístico que conservo toda su vida. Por eso, si pretendemos saber si una foto es de Capa, tenemos que datarla primero; solo si es posterior a esta fecha podremos asegurar fehacientemente que fue realizada por él y no por ella.

De la pareja, uno consiguió justa fama, André Friedman Robert Capa, mientras que Gerda Taro ha quedado solapada tras su estela. Y en su caso es especialmente triste, porque apenas tuvo oportunidad de volar por su cuenta. Ya que el 26 de Julio de 1937, pocos días antes de cumplir los 27 años, murió en España, víctima de un absurdo accidente sufrido cuando abandonaba el frente de Brunete.

gerda-taro-dead

Mientras la avanzada republicana se replegaba, Gerda iba sobre el estribo de un vehículo que trasladaba heridos. Un súbito estruendo en medio de la confusión la hizo caer, el que la aplastó de la mitad del cuerpo para abajo, destripándola. Fue trasladada inmediatamente al hospital El Goloso en la localidad de El Escorial, pero falleció al día siguiente, a menos de una semana de cumplir los 27. “Capa, que esperaba casarse con ella, nunca llegó a superar del todo aquella desgraciada pérdida”, señala Whelan en la introducción de la autobiografía de Capa, Ligeramente desenfocado.

Robin Stummer, periodista, reportaría en 2008 que su muerte pudo haber sido un atentado por pertenecer al grupo de izquierda que no simpatizaba con Stalin. Sin embargo, en un texto de El País “¡Te has cargado a la francesa!” de 2009 se devela la identidad del joven que manejaba el tanque: Aníbal González. El tanquista no se dio cuenta de lo que había hecho hasta que su amigo Fernando Plaza se lo hizo saber al detenerse más adelante. Así lo cuenta el sobrino de Plaza.

Alberti quiso dejar memoria de su figura porque la conoció personalmente y porque fue uno de los primeros en ver su cadaver. Él fue quien le organizó un homenaje propio de caídos en la batalla en la sede de la “Alianza Antifascista”. Homenaje similar al funeral multitudinario que celebraron los comunistas en París, ciudad adonde su cuerpo fue trasladado después.

“Cuando piensas en toda esa gente que conocimos y ha muerto en esa ofensiva, tienes el sentimiento de que estar vivo es algo desleal”

(Gerda Taro, unos días antes de morir)

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