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Inside-Linda-Lovelace-Book-CoverRodada en seis días en Miami, y con un presupuesto de 20.000 euros (financiado por oscuras organizaciones relacionadas con la mafia), el filme tampoco estaba predestinado a ser más que uno de tantos subproductos X que alimentaban los cinuchos neoyorquinos, y que Gerard Damiano, director nacido y curtido en el Bronx y que solo había asomado la cabeza más allá de la clandestinidad con documentales didácticos sobre la vida conyugal sana, producía en cadena.

Sin embargo, éste tenía la particularidad de que su protagonista era una prostituta metida a actriz con fama de no hacer ascos a nada (incluyendo la zoofilia) llamada Linda Lovelace, quien contó a Damiano su peculiar habilidad en el arte oral de la «garganta profunda». Y éste, ni corto ni perezoso, ideó un delirante argumento sobre una mujer con una extraña mutación que le había recolocado el clítoris al fondo de la garganta, por lo que su vida sexual estaba, como quien dice, «en boca de todos». Un empujoncito del mismísimo Hugh Hefner desde su cuartel general en la mansión Playboy hizo el resto.

Jack Nicholson y Warren Beatty defendieron a capa y espada la película
Según relata el documental «Inside Deep Throat», el auténtico boom llegó cuando el 12 de junio de 1972 el filme pasó a proyectarse en cines más comerciales, lo cual provocó un escándalo de dimensiones extraordinarias y que involucró al presidente Richard Nixon (que curiosamente caería en el caso Watergate por culpa de otra «garganta profunda»). El que realmente pagó el pato fue el actor principal, Harry Reems (en realidad un ayudante de iluminación que había sustituido al protagonista a última hora por 100 dólares de nada), condenado a cinco años de carcel. Una sentencia que finalmente fue anulada ante la presión popular y de estrellas como Jack Nicholson o Warren Beatty.

El resultado fue una lluvia de dinero (se dice que acabó recaudando 500 millones de euros al cabo de los años) que provocó que Damiano creara la productora Bryanston Distributing, y financiara cintas igual de exitosas como «La matanza de Texas». Peor le fue a Lovelace, incapaz de desencasillarse, lo que le llevó a renegar del filme declarando que le habían obligado a hacerlo a punta de pistola. Falleció en 2002, a los 53 años, en un accidente de tráfico, pero su agridulce vida sigue fascinando a Hollywood, como lo prueba su biopic,

«Lovelace», con Amanda Seyfried como protagonista y James Franco en el papel de Hefner.

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